¿Cómo prevenir, reconocer y actuar ante una hipotermia en la montaña?
Aprende a reconocer los síntomas de hipotermia en la montaña, cómo prevenirla y qué hacer para proteger a una persona y actuar ante una emergencia.
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El frío forma parte de muchas experiencias en la montaña, pero no siempre se presenta de manera evidente. Una jornada puede comenzar con buenas condiciones y cambiar rápidamente con la llegada del viento, la lluvia, la nieve o una disminución brusca de la temperatura.
Si además la ropa está húmeda, la ruta demora más de lo previsto o alguien se encuentra agotado, el cuerpo puede comenzar a perder calor más rápido de lo que consigue producirlo. Cuando esa pérdida continúa, aparece la hipotermia.
No se trata simplemente de sentir frío o tener las manos heladas. Es una emergencia médica que afecta progresivamente la capacidad para moverse, pensar con claridad y tomar decisiones. Precisamente por eso puede ser difícil de reconocer, ya que la propia persona afectada podría no comprender que su estado está empeorando.
Identificar las primeras señales y actuar antes de que aparezca la confusión puede evitar que una situación controlable se transforme en una evacuación compleja.

¿Qué es la hipotermia?
La hipotermia ocurre cuando la temperatura central del cuerpo desciende hasta los 35 °C o menos. En la montaña, sin embargo, rara vez se dispone de un termómetro apropiado para medirla, por lo que la evaluación suele basarse en los síntomas y en el comportamiento de la persona.
El organismo intenta defenderse del frío reduciendo el flujo sanguíneo hacia la piel y produciendo temblores para generar calor. Estas respuestas consumen mucha energía y tienen un límite. Si el enfriamiento continúa, el cerebro, los músculos, la respiración y el corazón comienzan a funcionar de manera más lenta.
Aunque suele asociarse con nieve o temperaturas bajo cero, también puede aparecer en ambientes relativamente frescos. Una persona mojada por la lluvia, el sudor o la caída a un río puede enfriarse rápidamente si permanece expuesta al viento o pasa demasiado tiempo sin moverse.
Por eso, el riesgo no depende únicamente de la temperatura exterior. La humedad, el viento, el cansancio, la falta de alimentación, una lesión y la exposición prolongada pueden combinarse hasta superar la capacidad del cuerpo para mantenerse caliente.
¿Por qué puede aparecer durante una ruta?
En trekking y montaña existen varias formas de perder calor al mismo tiempo. El viento retira la capa de aire cálido que rodea el cuerpo, la ropa mojada acelera el enfriamiento y el contacto con el suelo frío continúa extrayendo temperatura incluso cuando la persona está cubierta.
Una situación frecuente ocurre durante una subida exigente. La persona transpira, moja su primera capa y sigue caminando sin regular el abrigo. Al detenerse en una cumbre, esperar al grupo o quedar expuesta a una ráfaga, esa humedad comienza a enfriarse sobre la piel.
También puede ocurrir si la ruta se extiende hasta la noche, se agotan los alimentos, empeora el clima o alguien sufre una lesión que le impide continuar en movimiento.
La hipotermia rara vez comienza por una única gran equivocación. Generalmente aparece después de una serie de problemas pequeños que no fueron corregidos a tiempo.
¿Cuáles son los primeros síntomas?
En una etapa inicial, la persona suele permanecer consciente y todavía puede hablar, caminar y responder preguntas. Los temblores intensos son una de las señales más conocidas, pero no son la única.
También puede aparecer cansancio inusual, torpeza al manipular objetos, pérdida de sensibilidad en las manos, dificultad para cerrar una mochila, caminar más lento o tropezar con frecuencia. Tareas sencillas que normalmente no presentarían problemas comienzan a requerir demasiado esfuerzo.
Los cambios de comportamiento son especialmente importantes. La persona puede mostrarse irritable, indiferente, demasiado silenciosa o tomar decisiones que no corresponden a la situación. Incluso puede insistir en que está bien pese a mostrar señales evidentes de deterioro.
No toda persona que tiembla tiene necesariamente hipotermia, pero si los temblores se acompañan de torpeza, agotamiento o incapacidad para cuidarse, lo más seguro es detenerse y comenzar a actuar.
Señales que requieren una evacuación urgente
Cuando el enfriamiento avanza, la persona puede empezar a hablar lentamente, arrastrar las palabras, confundirse, responder de forma incoherente o perder el equilibrio. También puede aparecer una somnolencia marcada que no corresponde únicamente al cansancio de la ruta.
La disminución o desaparición de los temblores mientras la persona continúa fría es una señal especialmente preocupante. No significa que haya entrado en calor. Puede indicar que su organismo ya no tiene suficiente energía para seguir produciéndolo mediante el movimiento muscular.
La incapacidad para caminar sin ayuda, la pérdida de coordinación, el balbuceo, la alteración de la conciencia o una respiración anormal deben considerarse señales de una hipotermia más avanzada.
En estos casos, la prioridad deja de ser completar la ruta. La persona necesita protección, manipulación cuidadosa y una evacuación lo antes posible.
La prevención comienza antes de salir
Prevenir la hipotermia comienza con una planificación realista. Antes de elegir una ruta conviene revisar el pronóstico, la sensación térmica, la velocidad del viento, la posibilidad de lluvia o nieve y las horas de luz disponibles.
El itinerario debe considerar el desnivel, el estado del terreno, los descansos y la experiencia de quienes participan. Planificar utilizando únicamente el tiempo indicado en una aplicación puede dejar muy poco margen ante un avance lento, una lesión o un cambio de clima.
También es importante definir una hora límite de retorno. Esta decisión evita seguir avanzando por entusiasmo cuando ya no existe tiempo suficiente para regresar con luz o enfrentar un imprevisto.
Dentro de la mochila debería haber gorro, guantes, chaqueta impermeable, una capa seca protegida en una bolsa, manta térmica, aislante y alimentos fáciles de consumir. En rutas remotas también puede ser necesario contar con elementos para improvisar un refugio y comunicarse en caso de emergencia.
Regular la ropa antes de quedar empapado
Vestirse por capas no significa utilizar toda la ropa disponible desde el comienzo. Si inicias una subida con demasiado abrigo, probablemente comenzarás a transpirar en pocos minutos.
Lo recomendable es abrir las ventilaciones o quitar una capa antes de que la ropa termine mojada. Al detenerte, debes volver a abrigarte antes de comenzar a tiritar.
Una primera capa técnica ayuda a transportar la humedad, una capa intermedia conserva el calor y una capa exterior protege del viento y las precipitaciones. El algodón no es una buena alternativa para condiciones frías porque absorbe agua y tarda demasiado en secarse.
La ropa de recambio debe guardarse en una bolsa impermeable. Llevar una camiseta seca pierde toda utilidad si termina mojada dentro de la mochila por la lluvia o una botella mal cerrada.
Mantener la energía durante la caminata
El cuerpo necesita energía para producir calor. Una persona que lleva muchas horas caminando, ha comido poco o está deshidratada tendrá menos capacidad para enfrentar el frío.
En rutas largas conviene comer y beber de manera regular, sin esperar hasta sentir hambre o sed intensa. Esto es especialmente importante en invierno, cuando las bajas temperaturas pueden disminuir la sensación de sed.
El alcohol nunca debe utilizarse para entrar en calor. Puede producir una sensación momentánea de calor en la piel, pero favorece la pérdida de temperatura y disminuye la capacidad para evaluar el riesgo.
También es importante observar al resto del grupo. Preguntar cómo se sienten, comprobar que nadie lleve ropa completamente mojada y adaptar el ritmo a la persona más lenta puede permitir detectar un problema antes de que avance.
¿Qué hacer ante una posible hipotermia?
Cuando aparecen síntomas, la prioridad es detener el enfriamiento. No se debe obligar a la persona a continuar caminando sin antes evaluar su estado.
Una forma sencilla de ordenar la respuesta es recordar cuatro ideas. Aislar, abrigar, aportar energía cuando sea seguro y vigilar.
Estas acciones no reemplazan la atención médica ni una capacitación en primeros auxilios, pero pueden ayudar a proteger a la persona mientras se organiza la evacuación.
Paso 1: Proteger del clima y aislar del suelo
Lo primero es sacar a la persona del viento, la lluvia o la nieve. Puede utilizarse una carpa, un refugio, una lona, una capa impermeable o cualquier barrera que reduzca la exposición.
También debe aislarse del suelo utilizando una colchoneta, mochilas, cuerda, ropa seca u otro material disponible. Cubrirla solamente por encima no es suficiente si continúa acostada directamente sobre una superficie fría.
La cabeza y el cuello deben quedar protegidos, pero la cara y la vía respiratoria deben permanecer libres.
Paso 2: Reemplazar la ropa mojada y abrigar
Una vez que la persona esté protegida del ambiente, conviene retirar la ropa húmeda y reemplazarla por prendas secas. Si quitarla exige demasiado movimiento o no existe un lugar protegido, puede ser necesario cortarla o envolver a la persona temporalmente para evitar una mayor pérdida de calor.
Después debe cubrirse con ropa seca, mantas, aislantes o un saco de dormir. La manta térmica puede ayudar a disminuir la pérdida de temperatura, pero no produce calor por sí sola y funciona mejor como parte de un sistema con aislamiento.
Si se dispone de un saco de dormir, es preferible colocar a la persona dentro y cerrarlo en lugar de utilizarlo únicamente como una manta.
Paso 3: Aplicar calor sobre el torso
Las fuentes externas de calor deben colocarse principalmente en el pecho, las axilas y la parte superior de la espalda. Pueden utilizarse botellas con agua tibia, mantas activas o compresas diseñadas para este propósito.
Nunca deben apoyarse directamente sobre la piel. Es necesario envolverlas en una tela para evitar quemaduras, ya que una persona muy fría puede tener menor sensibilidad y no notar el daño.
No se debe comenzar calentando intensamente manos y pies, masajear las extremidades ni introducir a la persona inmediatamente en una ducha o baño muy caliente. El recalentamiento inicial debe concentrarse en el centro del cuerpo y realizarse de forma controlada.
Paso 4: Entregar alimentos y bebidas solo si puede tragar
Una persona completamente alerta, capaz de sentarse, conversar con claridad y tragar sin dificultad puede recibir alimentos ricos en carbohidratos y una bebida tibia.
El líquido no necesita estar muy caliente. Una temperatura excesiva puede producir quemaduras y no acelera de manera importante la recuperación.
No deben entregarse alimentos ni bebidas a una persona confundida, muy somnolienta, con náuseas, incapaz de tragar o inconsciente, debido al riesgo de aspiración.
Paso 5: Vigilar y manipular con cuidado
La persona no debe quedar sola. Es necesario observar su respiración, nivel de conciencia, coordinación y capacidad para responder preguntas sencillas.
También debe manipularse con suavidad, especialmente si presenta confusión, ha dejado de temblar o no puede caminar. Los movimientos bruscos y el esfuerzo innecesario pueden aumentar el riesgo de complicaciones en una hipotermia avanzada.
Si su estado empeora, pierde coordinación o deja de responder con claridad, se debe abandonar cualquier intento de continuar la ruta por cuenta propia.
Paso 6: Activar la evacuación a tiempo
No es necesario esperar hasta que la persona pierda el conocimiento para solicitar ayuda. La evacuación debe priorizarse ante confusión, balbuceo, somnolencia marcada, pérdida de coordinación, ausencia de temblores, dificultad respiratoria o falta de mejoría.
También debe activarse si el grupo no cuenta con medios para mantenerla protegida, si todavía queda una distancia considerable o si las condiciones climáticas continuarán deteriorándose.
Una persona con hipotermia moderada o grave no debería ser obligada a caminar. Siempre que sea posible, debe mantenerse en posición horizontal y ser trasladada con cuidado.
Si está inconsciente y no respira con normalidad, se deben activar inmediatamente los servicios de emergencia, iniciar reanimación cardiopulmonar si quien presta ayuda sabe realizarla y utilizar un desfibrilador cuando esté disponible.
¿Conviene caminar para recuperar temperatura?
El movimiento produce calor, pero no siempre debe comenzar de inmediato. Una persona que tiembla puede beneficiarse primero de un periodo de descanso protegida del ambiente, con aislamiento y aporte de energía.
Si se mantiene completamente alerta, ha recuperado estabilidad y puede ponerse de pie sin dificultad, podría comenzar a caminar de manera gradual y bajo observación. La actividad debe detenerse si vuelve a empeorar.
En cambio, una persona confundida, descoordinada, extremadamente cansada o que ha dejado de temblar no debe ser forzada a moverse. En ese escenario, la prioridad es conservar su temperatura y organizar la evacuación.
Errores que pueden empeorar la situación
Uno de los errores más peligrosos es asumir que la desaparición de los temblores significa recuperación. Si la persona continúa fría, puede indicar que el cuadro está avanzando.
Tampoco se deben aplicar fuentes de calor intenso directamente sobre la piel, frotar brazos y piernas ni recurrir a baños muy calientes como primera medida.
Dar alcohol, ofrecer líquidos a alguien que no puede tragar o insistir en que siga caminando pese a mostrar confusión también puede aumentar el riesgo.
Otro error frecuente es esperar demasiado antes de pedir ayuda. En lugares remotos, la evacuación puede tardar varias horas, por lo que conviene activarla mientras todavía existen luz, comunicación y capacidad para proteger a la persona.
Actuar antes de que el frío tome las decisiones
La hipotermia no suele comenzar con una escena dramática. Puede presentarse como manos torpes, cansancio inesperado, temblores persistentes o una persona que poco a poco empieza a quedarse atrás.
Esas señales tempranas ofrecen una oportunidad para detenerse, buscar refugio y modificar el plan antes de que el afectado pierda la capacidad para decidir por sí mismo.
En la montaña, regresar, detenerse o cambiar una prenda mojada no son decisiones menores. Muchas veces son justamente las acciones que permiten evitar que el frío se transforme en una emergencia.